martes, 16 de marzo de 2010

14) Francia. Montauban.

Montauban. Antiguo palacio condal y episcopal. Museo Ingres. Vista exterior. (Foto de Jesús Díaz).

Retrato de Carolina Gonsé. Óleo sobre lienzo.1852. Museo Ingres de Montauban. (Foto de Jesús Díaz).


Retrato de Madame Aymon, "La Belle Zélie". Detalle. 1806. Óleo sobre lienzo de Ingres. Museo de Bellas Artes de Rouen.(Foto de Jesús Díaz).


Montauban. Iglesia de Saint Jacques. Vista desde el suroeste. (Foto de Jesús Díaz).







Montauban. Hôtel de Monmilan. Nicho con perro. (Foto de Jesús Díaz).

UNAS IMÁGENES DE MONTAUBAN.
1) INTRODUCCIÓN.
2) MUSEO INGRES.
3) ALGUNAS PINTURAS DE INGRES.
4) CATEDRAL DE LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN.
5) IGLESIA DE SAINT JACQUES.
6) CONVENTO DEL CARMEN.
7) ARQUITECTURA CIVIL. 


1) INTRODUCCIÓN.

Montauban es la capital y prefectura del departamento de Tarn et Garonne, en la región del mediodia francés Midi Pyréneés.

Fue fundada a orillas del río Tarn en 1144 por el conde de Toulouse. La ciudad se construyó con plano de damero siendo una de las primeras bastidas francesas medievales.

Su nombre  puede derivar de "Mons Alba"; en occitano "alba" significa sauce; consiguientemente Montauban significaría "monte de sauces". El escudo de la ciudad muestra un sauce y las flores de lis que simbolizan la incorporación de Montauban a la corona francesa en 1271. Otra teoría indica que Montaubán puede derivar del nombre latino  "mons albanus", "monte blanco", quizás por la tonalidad blanquecina de los bosques de sauces de la zona.

La llegada de las diferentes órdenes religiosas que se ubicaron, como era habitual, fuera de las murallas favoreció el desarrollo de suburbios en torno a la ciudad.

Hacia 1560 la ciudad se sumó a la reforma protestante y sus habitantes  saquearon e incendiaron  las construcciones católicas que fueron utilizadas para reforzar las murallas. En 1629, en tiempos del rey Luis XIII, el cardenal Richelieu se hace de nuevo con la ciudad para el mundo católico, tras la toma de La Rochelle, regresando de nuevo las órdenes religiosas e iniciándose la construcción de la actual catedral en lo más alto de la ciudad a partir de 1692. Su hermosa arquitectura de ladrillo rojo, al igual que otras ciudades del mediodía francés, le confiere una bella visualidad.


2) MUSEO INGRES.


Montauban. Museo Ingres. Fachada principal. (Foto de Jesús Díaz). En este lugar se hallaba el antiguo castillo de los condes de Toulouse. Con ocasión de la "Guerra de los Cien años" (1337-1453) entre Francia e Inglaterra, debido al ascenso al trono inglés de Enrique II Plantagenet, conde de Anjou, casado con Leonor de Aquitania, y las consecuentes disputas por el control de las posesiones inglesas en territorio francés, se construyó una nueva fortaleza en este lugar que quedó inconclusa por la retirada final inglesa. En 1664 el obispo Pierre de Bertier inició la construcción de un inmenso palacio episcopal sobre los vestigios de la obra gótica inglesa, vestigios que se reducen a los sótanos del edificio en cuyas salas se aprecian bellas bóvedas de crucería de ladrillo. El museo, creado en el siglo XIX,  exhibe en sus planta bajas las colecciones lapidarias y arqueológicas, lozas, y esculturas del escultor Emile-Antoine Bourdelle (1861-1929). En el primer piso se exhibe la obra del pintor  Jean Auguste Dominique Ingres (1780-1867). El segundo piso muestra pintura europea de los siglos XVII y XVIII.

Montauban. Museo Ingres. Arquitectura gótica de ladrillo. (Foto de Jesús Díaz). Observamos en la imagen la escalera de descenso desde la planta calle a los sótanos, construida en ladrillo rojo; muestra cubrición de nervios de crucería característicos del arte gótico de la época en que los ingleses dominaron la ciudad.


Montauban. Museo Ingres. Sala museística gótica en el sótano. (Foto de Jesús Díaz). La hermosísima sala longitudinal que apreciamos en la imagen se denomina  "Sala del Príncipe Negro", personaje inglés que participó en la guerra de los Cien Años contra Francia derrotando a las tropas francesas en Poitiers. Sus  bóvededas de crucería y sus grandes arcos ojivales característicos de la arquitectura gótica dan un atractivo aspecto a esta estancia de fuerte sabor medieval. Al fondo vemos las escaleras de acceso y la puerta de entrada levemente apuntada. En el interior apreciamos diversas piezas lapidarias y de arqueología.

Montauban. Museo Ingres. Sala museística gótica en el sótano. Detalle de chimenea. (Foto de Jesús Díaz). Vemos en la imagen  un hermoso fogón-chimenea de piedra blanca que contrasta con los muros de ladrillo rojo. Sobre los laterales columnados asentados en pedestales se apoya un entablamento o dintel pétreo que muestra decoración relivaria figurada;  un motivo heráldico portado por dos personajes híbridos antropomorfos destaca en su centro; queda flanqueado por dos guerreros que portan también escudos heráldicos.

3) ALGUNAS PINTURAS DE INGRES.

Incluimos a continuación algunas pinturas de Jean Auguste Dominique Ingres, procedentes de diferentes museos, que fueron exhibidas en el museo que lleva su nombre en Montauban en el año 2009 en la exposición titulada "Ingres y los Modernos".




 La Fuente. Óleo sobre lienzo de Auguste Dominique Ingres. 1856. Se conservan dos variantes, una en el Museo del Louvre y otra en el Museo D´Orsay. (Foto de Jesús Díaz). Ingres nació en la ciudad de Montauban en  en 1780, y falleció en París en 1867. Es uno de los principales representantes de la pintura neoclásica de finales del siglo XVIII y principios del XIX. Era hijo de Joseph Ingres, miembro de la Academia de Bellas Artes de Toulouse, por lo que no es extraño su gusto por el clasicismo y el dibujo. No solamente fue un excelente pintor sino también un virtuoso del violín. Si en la música intentaba emular a Mozart, en pintura lo hacía con Rafael. A Ingres siempre le fascinó la relación amorosa del genio del Renacimiento con la Fornarina, su amante y modelo. Hacia 1797  ingresó en el taller de David, permaneciendo en él hasta 1801. Su relación con el maestro del neoclasicismo fue un tanto borrascosa. En 1800 presentó varias pinturas al Salón Oficial y una de ellas no ganó el primer premio y la posibilidad de obtener una beca en la Escuela Francesa de Roma por el voto en contra de su maestro David. Sí obtuvo el primer premio al año siguiente pero no pudo ir a Italia hasta 1806, pais en el que permanceció durante años. En 1824 su obra El Voto de Luis XIII, hoy en la catedral de Montauban, triunfó en el Salón Oficial, exponiéndose su obra frente a La Matanza de Quios de Delacroix, simbolizando ambos dos corrientes pictóricas diferentes, el Neoclasicismo, que gusta del academicismo, de la línea y el dibujo, y el Romanticismo que se centra en la luz y el color. Sin embargo el propio Ingres introdujo temas y enfoques que adelantaban la pintura romántica. Vemos en la imagen superior  una joven desnuda cual alegoría de la fuente y de los ríos. Recuerda a la Venus Anadiómena que pintó años antes y que se conserva en el Muso Condé. En posición de contrapposto la joven se muestra frontal, mira al espectador de forma atrevida y porta sobre su hombro una ánfora de la que vierte agua. La superficie pictórica lisa y pulida de la figura recuerda a las esculturas clásicas grecorromanas otorgándole cierta frialdad marmórea.

 

La Fuente. Detalle.  Óleo sobre lienzo de Ingres. (Foto de Jesús Díaz). El academicismo gusta del desnudo, de las posiciones contenidas y sobrias . La bella joven, casi una adolescente, exhibe su belleza de forma natural. Contrasta su cuerpo blanquecino y rosáceo con el fondo pardo casi neutro del bosque en penumbra que resalta  la tersura de su piel. Su mirada inocente nos observa con cierta melancolía no exenta de cierta picardía.


Estudio para cabeza de Odalisca. Óleo sobre lienzo de Ingres. (Foto de Jesús Díaz).  El busto de la muchacha  se representa en un tondo sobre un fondo oscuro, neutro; está de espaldas pero gira su cabeza hacia el espectador y muestra elementos orientales que vinculan esta obra con el romanticismo; así por ejemplo su pañuelo-turbante en tonalidades blancas, naranjas y doradas, su diadema de perlas nos recuerdan al mundo oriental de riqueza y ensueño. Sin embargo la suavidad de su piel, el desnudo de la muchacha, su rostro idealizado de expresión serena y silenciosa, la técnica pictórica perfeccionista y estirada en la que no se aprecia pincelada alguna, el colorido contenido,  muestran el academicismo y el clasicismo de esta bella pintura.

Pequeña bañista. 1808. Museo del Louvre. Óleo sobre lienzo de Ingres. (Foto de Jesús Díaz). Vemos nuevamente una muchacha desnuda y de espaldas en primer plano. Apoya sus nalgas en un mueble de reposo cubierto con lienzos blancos. La joven cruza despreocupadamente sus piernas a la altura de las pantorrillas mostrando sus pies al lado de las pantuflas de las que acaba de desprenderse. Sujeta con sus manos quizás su lujosa y polícroma indumentaria. Un pañuelo blanco y oro retiene ordenadamente su cabello. En segundo plano apreciamos una piscina donde se divierte una compañera de pelo negro, senos turgentes y cuerpo sinuoso y voluptuoso. Al fondo otras dos jóvenes se muestran también desnudas, una de ellas cubierta con un velo vaporoso que transparenta su seductora anatomía y la otra apenas visible. Parecen ser atendidas por mujeres de servicio con vestidos coloristas, cual si se tratara de un baño turco, de un harén, de un gineceo de sátrapas orientales. Nuevamente Ingres combina su técnica neoclásica relamida y sus temas románticos orientales.

Desnudo masculino. Óleo sobre lienzo de Ingres. (Foto de Jesús Díaz). El gusto por el desnudo, sea masculino o femenino, es recurrente en Ingres por su academicismo y clasicismo. Ahora nos deleitamos con un fornido y musculoso joven de pelo rojizo que se muestra en pose académica ante el artista. Nuevamente vemos cómo Ingres destaca la belleza del cuerpo humano en contraste con fondos pardos y neutros que evitan que el espectador distraiga su ávida mirada  con elementos ajenos al tema principal.
Desnudo masculino. Óleo sobre lienzo de Ingres. (Foto de Jesús Díaz). Apreciamos en esta pintura otra muestra de la potente atracción por la representación del desnudo que seducía a  Ingres. El modelo con largas patillas, pelo rojizo y rostro naturalista, se exhibe ante un lienzo y un soporte de madera, en posición un tanto afectada, como el muchacho anterior, cruzando sus piernas y apoyando su cabeza levemente sobre su puño izquierdo. Quizás Ingres idealiza más a la mujer que al hombre en sus representaciones, al menos en los rostros. Los cuerpos masculinos, musculosos y fibrosos, muestran sus formas marcadas y adoptan posiciones un tanto manieristas, en torsiones difíciles propias de las poses de los modelos en el taller del artista.

Torso masculino. Óleo sobre lienzo de Ingres. Escuela de Bellas Artes de París. (Foto de Jesús Díaz). Si en los dos ejemplos anteriores veíamos a dos jóvenes modelos de cuerpo entero, en esta pintura Ingres nos muestra al personaje masculino de medio cuerpo, en posición casi frontal, aunque su cabeza de nariz griega, cabello ondulado y patillas exuberantes, gira a un lado y alza su mirada al cielo

Retrato de Carolina Gonsé.1852. Óleo sobre lienzo de Ingres. Museo Ingres de Montauban. (Foto de Jesús Díaz). Este retrato intimista  nos muestra a  Carolina Gonsé, pintora a la que Ingres conoció en Roma, en 1835, y que posteriormente le pidió al maestro le hiciera un retrato. La mujer se muestra de medio cuerpo, en posición de tres cuartos aunque gira su rostro de forma frontal hacia el espectador. Está sentada y exhibe una lujosa indumentaria y joyas de la época. Los colores oscuros de su vestimenta realzan la blancura y tersura de su piel. La posición de su mano izquierda con cuyos dedos acaricia levemente su mejilla le dan un aspecto intelectual. Nuevamente el fondo neutro del lienzo evita la dispersión del interés del espectador hacia elementos secundarios de la composición.


Retrato de Lorenzo Bartolini. Óleo sobre lienzo de Ingres. Museo Ingres de Montauban. 1806. (Foto de Jesús Díaz). Se trata de un escultor italiano (Savignano di Prato, 1777, Florencia 1850) formado en la Academia de Bellas Artes de Florencia. Estuvo en París en 1799 recibiendo diversos encargos, entre ellos uno de los bajorrelieves de la columna Vendôme para la plaza homónima y un busto para Napoleón que le gustó mucho al general. Asistió también al estudio de Jacques Louis David en el Louvre donde conoció a Ingres iniciando una amistad que duraría toda su vida. A través de Elisa Bonaparte, hermana de Napoleón, fue profesor de la Academia de Bellas Artes de Carrara y se convirtió en retratista oficial de la casa Bonaparte. En 1815 tras la caída de Napoleón regresó a Florencia. Cuando Ingres en 1806 se desplaza a Italia gracias a una beca se alojará, camino de Roma en la casa de Bartolini en Florencia haciéndole como agradecimiento este retrato. Es un retrato romántico más que neoclásico. El joven escultor se representa de perfil pero mirando al espectador. Destacan como dos fogonazos luminosos su rostro sonriente y su mano en la que muestra una cabecita esculpida de un dios griego, delatando su profesión y su gusto por la Antiguedad clásica que compartía con Ingres.


Retrato de Jean Baptiste Desdéban. Óleo sobre lienzo de Ingres. 1810.  Museo de Bellas Artes de Besançon. (Foto de Jesús Díaz). Ingres retrata en esta pintura a su amigo  Jean Baptiste Desdéban en una actitud desenfadada. Es una pintura abocetada, que le da frescura y naturalidad, aunque el rostro en estricto perfil está prácticamente terminado. Es interesante el logrado cromatismo de la obra. El pintor ha utilizado sabiamente variantes rojizas en la indumentaria del retratado, en su pelo y en el fondo neutro. Sólo la camisa de intenso blanco y la piel blanquecina contrastan con el cromatismo uniforme del conjunto del cuadro.
Mademoiselle Rivière. Óleo sobre lienzo de Ingres. 1805. Museo del Louvre. (Foto de Jesús Díaz). El artista con solo 25 años retrató tanto a la muchacha, que vemos en este cuadro, como a su padre Philibert Rivière y a su esposa. Mademoiselle Rivière solo tenía 15 años y murió en 1805, el mismo año en que fue retratada. Es un retrato que desprende naturalidad, espontaneidad; la joven viste elegantemente un escotado vestido blanco, largos guantes y una boa de plumas de cisne blanco. Posa serenamente en posición de tres cuartos y su bella figura se recorta en un hermoso paisaje de fondo en el que predominan los azules del cielo y del río y los verdes de los campos y de la frondosidad boscosa. Un enhiesto chapitel piramidal en que culmina la torre de la iglesia del fondo, rasga levemente el cielo  y las lejanas montañas azuladas y de perfil desvahído representadas en perspectiva aérea.
Mademoiselle Rivière. Detalle. Óleo sobre lienzo de Ingres. 1805. Museo del Louvre. (Foto de Jesús Díaz). La expresión serena de la muchacha muestra inocencia y candor, aunque su mirada se dirige directamente al espectador de forma penetrante. Esboza tenuemente una contenida sonrisa, a punto de derramarse, apreciable en la comisura de sus labios. Su piel es tersa y cuidada y sus mejillas levemente sonrosadas. Su cuello grácil y espigado muestra su desnudez de forma natural y elegante.
Madame Aymon, "La Belle Zélie". Óleo sobre lienzo de Ingres. 1806. Museo de Bellas Artes de Rouen. (Foto de Jesús Díaz). Cuando Ingres se desplazó a Roma en 1806 entró en el círculo "cortesano" de la hermana menor de Napoleón Bonaparte, Carolina, que casada con el general Murat, el invasor de España, estaba establecida en Roma. Una de las damas de honor de Carolina era Madame Aymon a la que retrató Ingres. El nombre de "La belle Zélie", adoptado posteriormente, deriva de una canción popular entre los pintores en tiempos de Jacques Louis David. Ingres ha retratado a la joven en posición de tres cuartos aunque con el rostro de frente mirando al espectador. La muchacha luce unos atractivos bucles en su frente y se adorna con un collar de perlas y unos pendientes de suntuosa orfebrería. Su vestido escotado muestra unos pechos turgentes y una piel nacarada que se ruboriza tenuemente en sus mejillas. El pintor ha recortado el retrato de la joven sobre un cielo azul, recordando al tipo de retratos del Quatroccento italiano.
Madame Aymon, "La belle Zélie". Detalle.Óleo sobre lienzo de Ingres. 1806. Museo de Bellas Artes de Rouen.(Foto de Jesús Díaz). La muchacha mira de forma embebida al espectador y entreabre levemente sus labios carnosos mostrando sus dientes. Su cuello desnudo, de resonancias manieristas, resalta gracias  a su indumentaria rojiza.
Edipo y la Esfinge. 1808-1827. Óleo sobre lienzo de Ingres. Museo del Louvre. (Foto de Jesús Díaz). Esta escena mitológica fue pintada por Ingres en tres versiones distintas. La que ahora apreciamos se diferencia por el personaje del fondo que parece  representar al mismo Edipo huyendo de su terrible destino. Al nacer Edipo, príncipe de Tebas, el oráculo de Delfos auguró que mataría a su padre Layo y se desposaría y yacería con su madre Yocasta. Para evitar ese Destino sus padres ordenaron su muerte y lo colgaron de un árbol en un monte, perforándole los pies ( de ahí su apelativo "pies hinchados"), pero un pastor se apiadó de él lo recogió y lo entregó a los reyes de Corinto. Ya crecido Edipo conoció el augurio de Delfos y para evitarlo huyó de Corinto (pensando que sus padres adoptivos eran los biológicos) y se dirigió a Tebas azotada en ese momento por el monstruo de la Esfinge. Resolvió su famoso enigma, ¿Cuál es el animal que anda a cuatro patas de día, a dos al mediodía y con tres por la noche?; toda persona que era preguntada por la esfinge al desconocer la respuesta era devorada. Edipo resolvió sabiamente la cuestión, es el hombre, que de bebé anda a cuatro patas, de joven con dos y en su ancianidad con tres, ayudado por un bastón. Al dirigirse a la ciudad un hombre le obstaculizó el paso en un estrecho y Edipo lo mató, era su padre Layo. Al tiempo acudió a la ciudad que decidió, por su proeza con la Esfinge, que se casase con la reina viuda Yocasta, en realidad su madre, con la que tuvo cuatro hijos-hermanos, Eteocles, Polinices, Ismena y Antígona. Una plaga se extendió por Tebas y según los augurios se debía a que no se había detenido al asesino del rey. Tras indagaciones Edipo comprobó que el asesino, sin saberlo, era él. Su madre se ahorcó y él  se arrancó los ojos por no haber visto la verdad por lo que se marchó de la ciudad. Ingres ha representado en primer plano a Edipo en estricto perfil como un joven musculoso desnudo que recuerda a la estatuaria clásica. Se dirige a la esfinge, monstruo híbrido de león alado y cabeza-pecho de mujer, a la que responde tras plantearle el enigma. Al fondo vemos grandes peñascos y un hombre asustado que huye. El colorido contenido y sobrio es característico de Ingres y del clasicismo académico en general.


Rafael y la Fornarina.  Óleo sobre lienzo de Ingres. 1840. Gallery of Fine Arts of Columbus. (Foto de Jesús Díaz). Ingres sentía predilección por la obra pictórica de Rafael por lo cual no es extraño que le homenajeara y realizara varias versiones de esta obra que ahora analizamos. Vemos a Rafael sentado, con su amante y modelo La fornarina (hija de un panadero), cariñosamente sentada en su regazo. El artista gira su cabeza para ver el cuadro que a la bella joven está pintando. La Fornarina sentada amorosamente sobre la pierna derecha de Rafael gira la cabeza hacia el espectador sonriendo. Muestra su parte superior desnuda pues probablemente acaba de vestirse tras posar desnuda como modelo para el pintor. Al fondo vemos abocetado el famoso cuadro de Rafael La Transfiguración, conservado en los Museos Vaticanos. Los muebles y la indumentaria que visten los personajes son los propios de la época. Un fraile alza la mano al fondo, en la penumbra, quizás como alegoría de la conciencia de los protagonistas, conciencia que les recrimina su actitud amatoria.


Boceto de escena familiar. Obra de Ingres.  (Foto de Jesús Díaz).


Virgen de la Hostia. Óleo sobre lienzo de Ingres. (Foto de Jesús Díaz).


4) CATEDRAL DE LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN.

Montauban. Fachada oeste de la catedral de la Asunción de la Virgen. (Foto de Jesús Díaz). Después del periodo protestante en que se destruyeron las construcciones católicas, salvo la Iglesia de Sant Jacques, se inició la construcción de la nueva catedral, en lo más alto de la ciudad, en el año 1692. Fue consagrada y bendecida en 1739. Intervinieron en su construcción tres arquitectos reales, Francois d´Orbay, Jules Hardouin-Mansart y Robert de Cotte. Es un edificio de planta longitudinal de tres naves, la central más alta y ancha que las laterales. Su fachada clasicista de piedra blanca se estructura en una planta baja de estructuración uniforme y una planta superior con dos torres laterales y un gran frontón o hastial triangular central. En la planta inferior se abre la portada principal de medio punto situada  en su centro flanqueada por dos pares de columnas toscanas que soportan un entablamento recto con triglifos y metopas limpias. La portada central está escoltada por las puertas de acceso a las naves laterales que son adinteladas, decoradas con frontones triangulares; sobre ellas se abren sendas ventanas de cabecera rebajada. En la parte baja de las torres se abren dos bellas hornacinas de medio punto flanqueadas por pilastras. La integración de toda la planta baja queda realzada por el friso de triglifos y metopas que se despliega por toda la fachada. Las torres se abren en su cuerpo intermedio mediante vanos de medio punto escoltados por pilastras y en su cuerpo superior se abren mediante óculos, en uno de los cuales se muestra el reloj. Una balaustrada corona ambas torres. El frontón central se abre con un vano rebajado y se decora con esculturas de piedra.
Montauban. Fachada oeste de la catedral de la Asunción de la Virgen. Detalle. (Foto de Jesús Díaz). Vemos cómo el hastial central de la fachada se abre mediante un gran ventanal muy rebajado decorado lateralmente con pilastras pareadas. Le flanquean las estatuas pétreas de los cuatro evangelistas con sus respectivos símbolos, San Lucas con el toro y San Mateo con el ángel a la izquierda, según observa el espectador, y San Marcos con el león  y san Juan con el águila a la derecha. Los originales de estas esculturas se conservan en el interior de la catedral, a los pies de la nave central. En el frontón triangular se representa en relieve las armas del rey con las características flores de lis culminadas con la corona real. Como coronamiento observamos cual acróteras dos pebeteros laterales y en la cúspide una cruz flanqueada por dos ángeles sedentes.




Montauban. Muro oeste interior de la catedral de la Asunción de la Virgen. (Foto de Jesús Díaz). Vemos en la imagen el muro de los pies de la iglesia con su portada central de medio punto y en la parte alta el órgano de nogal del siglo XVII. En los laterales de la portada apreciamos dos de los evangelistas originales de la fachada, San Mateo con el ángel a la izquierda y San Marcos con el león a la derecha.
Montauban. Catedral de la Asunción de la Virgen. Escultura en piedra de San Marcos. (Foto de Jesús Díaz). Corresponde esta escultura al original que flanqueaba el vano superior central de la fachada oeste de la catedral. El león de rizada melena nos revela que se trata de San Marcos.





Montauban. Catedral de la Asunción de la Virgen. Escultura en piedra de San Juan Evangelista. (Foto de Jesús Díaz). Corresponde esta escultura al original que decoraba la fachada oeste. El fragmento del águila conservado nos indica que se trata del evangelista San Juan.


Montauban. Catedral de la Asunción. Escultura en piedra de San Mateo. (Foto de Jesús Díaz). Corresponde al original que decoraba el hastial de la fachada occidental. El ángel que acompaña al evangelista lo identifica.
Montauban. Catedral de la Asunción de la Virgen. Escultura en piedra de San Lucas. (Foto de Jesús Díaz). El toro que fragmentariamente se aprecia en la escultura delata al personaje.


Montauban. Catedral de la Asunción de la Virgen. Vista interior, nave central. (Foto de Jesús Díaz). La nave central de volumetría imponente se compone de arquerías laterales de medio punto, con arcos de gran altura separados por pilastras, potente entablamento de triglifos y metopas, ventanales-claristorio de medio punto y bóveda de arcos fajones de medio punto con tramos de arista. En el crucero se alza una bella cúpula ciega sobre pechinas. La cabecera es recta y en ella vemos un baldaquino estilo Napoleón III.

Montauban. Catedral de la Asunción de la Virgen. Cúpula sobre pechinas. (Foto de Jesús Díaz). En el crucero o intersección de nave longitudinal y nave transepto se eleva una bella cúpula semiesférica sobre pechinas. Unos tondos relivarios con imágenes de santas, entre ellas Santa Catalina de Alejandría con la espada y Santa Bárbara con la torre, decoran  las pechinas.


Montauban. Catedral de la Asunción de la Virgen. Dosel en la cabecera. (Foto de Jesús Díaz). En el presbiterio de la catedral destaca un baldaquino estilo Napoleón III de planta cuadrada soportado por columnas marmóreas jaspeadas. Su coronamiento dorado, y con arcos de medio punto en las cuatro caras, se decora con esculturillas varias.


Montauban. Catedral de la Asunción de la Virgen. Voto de Luis XIII. Pintura de Jean Auguste Dominique Ingres. (Foto de Jesús Díaz). En 1820 el Estado francés encargó a Ingres este cuadro para el crucero de la catedral de Montauban. Lo inició al año siguiente en Florencia y lo finalizó en 1824 presentándolo en el Salón de París de ese año. Obtuvo un notable éxito. Se representa la consagración de Francia el 15 de agosto (día de la Asunción de la Virgen María a los cielos) de 1638 por el rey Luis XIII. Observamos en el cuadro cómo el rey, de espaldas al espectador se arrodilla ante la Virgen María con el Niño y le ofrece la corona y el cetro de mando. Luis XIII viste un elegante manto de armiño y terciopelo con flores de lis que simbolizan a la monarquía francesa. La Virgen que tiene en su regazo al Niño Jesús desnudo está sobre una nube, recortando su perfil  sobre un fondo dorado a modo de rompimiento de gloria. Es una virgen que sigue claramente modelos rafaelescos. Dos ángeles portan en el suelo una cartela y en la parte superior otros dos ángeles abren simétricamente el cortinaje lateral para ver  en todo su esplendor a la Virgen María y al Redentor.
Montauban. Catedral de la Asunción de la Virgen. Voto de Luis XIII. Detalle de la Virgen con el Niño. (Foto de Jesús Díaz). Tanto la Virgen como el Niño Jesús, representados con dulzura y suavidad de perfiles y cromatismos, siguen modelos rafaelescos. María recuerda a las madonnas italianas que pintaba el maestro del Cinquecento.
Montauban. Catedral de la Asunción de la Virgen. Voto de Luis XIII. Detalle del rey. (Foto de Jesús Díaz). El rey extiende con decisión la corona y el cetro, ambos de suntuosa orfebrería, a la Virgen María y al Niño Jesús.

5) IGLESIA DE SAINT JACQUES.

Montauban. Iglesia de Saint Jacques. Vista exterior desde el suroeste. (Foto de Jesús Díaz). Esta iglesia constituye, junto con el puente viejo, uno de los escasos vestigios medievales de la ciudad de Montauban. Destaca su color rojo por el ladrillo utilizado en su construcción. De la segunda iglesia que se construyó en el siglo XIII solamente se conserva la potente torre de estilo tolosano (recuerda a Saint Sernin de Toulouse) y una parte de la nave. En el siglo XIV, siglo en el que la ciudad goza de prosperidad, se reemplaza su cabecera plana por un ábside poligonal. Durante las guerras de religión la torre se utilizará como atalaya militar, la nave como taller de fabricación de salitre y el coro como fortín. En sus fachadas aún se aprecian los impactos de las balas de cañón con que fue atacada en 1621. Tras la reconquista católica en 1629, el cardenal Richelieu ordena la reconstrucción de la iglesia original. La iglesia de Saint Jacques sirvió de catedral desde 1629 hasta 1739. En el siglo XVIII se le incorporaron nuevos pórticos laterales y una tribuna. En el siglo XIX se construyó el pórtico neorrománico en la fachada oeste y sobre él se colocó un gran mosaico.


Montauban. Iglesia de Saint Jacques. Torre. (Foto de Jesús Díaz). Desde distintos puntos de la ciudad se aprecia la bella y elevada torre de Saint Jacques. Tiene planta poligonal y muestra sobre un zócalo de matacanes tres pisos superpuestos abiertos en cada una de las caras con arcos gemelos, de medio punto en la planta inferior y en forma de mitra en las dos plantas superiores. En los ángulos  se adosan columnas en cada uno de los pisos. Sus fustes son de ladrillo, al igual que el resto de muros de la torre campanario, y sus capiteles son de piedra. Contrasta visualmente el color de ambos materiales de construcción, piedra blanca y ladrillo rojo. La torre se corona con un chapitel piramidal de ladrillo, una bola metálica dorada y una cruz.

Montauban. Iglesia de Saint Jacques. Vista parcial de la torre y del muro sur. (Foto de Jesús Díaz). Potentes contrafuertes o estribos de ladrillo se adosan a los muros recogiendo los empujes de la bóveda interior. Entre ellos se abren vanos de iluminación, unos de medio punto y otros apuntados.


Montauban. Iglesia de Saint Jacques. Vista parcial de la torre y del muro sur. (Foto de Jesús Díaz). Los vanos de iluminación se cierran con vidrieras que al exterior no delatan los brillantes coloridos que observamos en el interior. Únicamente apreciamos la tracería de plomo que soporta los vidrios polícromos.

Montauban. Iglesia de Saint Jacques. Vista desde el suroeste. (Foto de Jesús Díaz). La fachada oeste con su potente torre de ladrillo tiene aspecto militar. Su gran cuerpo inferior, coronado con matacanes, se abre en el muro oeste, y en su parte inferior, con una portada neorrománica del siglo XIX, sobre la que se ioncrustó un mosaico; sobre él destacan dos ventanales ciegos abocinados y encima un gran vano circular. La horizontalidad de la nave contrasta con la fuerte verticalidad de la torre poligonal.

Montauban. Iglesia de Saint Jacques. Vista parcial del muro oeste. (Foto de Jesús Díaz). En la fachada oeste predomina el color rojo del ladrillo, contrastando con el blanco de la piedra de la portada de medio punto, y la policromía del mosaico.

Montauban. Iglesia de Saint Jacques. Fachada oeste. Portada. (Foto de Jesús Díaz). La portada de medio punto neorrománica del siglo XIX se compone de varias arquivoltas lisas, sin apenas decoración, que apean sobre columnillas de ladrillo las interiores y de piedra y con capiteles las exteriores. La escasa decoración que se aprecia consiste en bolas y  arquillos de medio punto.



Montauban. Iglesia de Saint Jacques. Portada oeste románica. Jamba izquierda. (Foto de Jesús Díaz). Los capiteles de la jamba izquierda se decoran con profusa ornamentación de vegetales y roleos entre los que se aprecian, en el izquierdo o exterior, dos pájaros afrontados picando una piña situada en el caulículo; en el capitel central observamos  decoración de palmetas y roleos ordenada y simetrizada, y en el interior vemos a un personaje atacando con su lanza a un león o leona y vemos también a tres personajes dinámicos , el central atacado en su espalda  por un animal, todo ello con abundante frondosidad vegetal.


Montauban. Iglesia de Saint Jacques. Portada románica sur. Jamba derecha. (Foto de Jesús Díaz). En los capiteles de la jamba derecha observamos un centauro, atacado por dos personajes armados con lanza y arco y se aprecia otro guerrero con espada y escudo; vemos también leones o leonas, grandes pájaros, híbridos medievales a modo de dragones, piñas y palmetas. Todos los elementos figurados están envueltos por un bosque de movida fronda vegetal y roleos. Los ábacos se ornamentan  con piñas y palmetas
Montauban. Iglesia de Saint Jacques. Interior. Vista de la cabecera desde los pies. (Foto de Jesús Díaz). Vemos en esta foto la nave de la iglesia con las capillas laterales que se abren mediante arcos apuntados, la bóveda de crucería  y la cabecera poligonal rasgada en su parte superior mediante estrechos vanos ojivales cerrados con vidrieras.

Montauban. Iglesia de Saint Jacques. Vista interior del ábside y del altar. (Foto de Jesús Díaz). Vemos en la imagen el altar moderno flanqueado por dos ángeles orantes arodillados sobre pedestales. Al fondo percibimos, en la parte inferior, la  decoración pictórica en en el muro del ábside y , en la parte superior, los vanos góticos de iluminación.
Montauban. Iglesia de Saint Jacques. Interior. Vista del muro oeste desde el presbiterio. (Foto de Jesús Díaz). En esta foto observamos la nave de la iglesia de este a oeste. Vemos  la bóveda de crucería cuyos arcos fajones apuntados apean sobre columnas adosadas a los muros laterales , las capillas laterales con embocaduras ojivales, el muro occidental distribuido en dos niveles, el inferior abierto en su centro mediante una gran vano de medio punto escoltado por pilastras clasicistas y por dos puertas laterales adinteladas; en el piso superior apreciamos  dos vanos laterales simétricos  con cabeceras muy rebajadas y el órgano adosado a la parte central del muro. Dos canceles laterales modernos se adosan a los muros septentrional y meridional junto al muro de los pies del templo.

Montauban. Iglesia de Saint Jacques. Vidriera. (Foto de Jesús Díaz). Apreciamos en esta imagen un bello vitral polícromo renacentista con la representación del Bautismo de Cristo por San Juan Bautista. En esta escena predominan los colores cálidos frente a la parte inferior de la vidriera que se decora con motivos heráldicos en colores fríos.
Montauban. Iglesia de Saint Jacques. Vidriera.  (Foto de Jesús Díaz). Apreciamos en esta otra vidriera una bella representación de San Jerónimo con indumentaria de penitente y con su atributo el león y del rey Ludovico, Luis IX de Francia (San Luis), vestido con indumetaria real, corona, manto azul con flores de lis relativas a la casa real francesa y una corona de espinas referente a Cristo. Dos pequeñas escenas se desarrollan a sus pies relativas a la leyenda respectiva de cada santo.

6) CONVENTO DEL CARMEN.

Montauban. Convento del Carmen. Vista del claustro. (Foto de Jesús Díaz). Después de las guerras de religión, con la incorporación de los católicos a la ciudad regresan las órdenes religiosas, entre ellos los carmelitas. El claustro que vemos se finalizó en 1717 y evoca sin duda la arquitectura de la plaza nacional que luego consideraremos. La iglesia fue vendida durante la revolución francesa de 1789 y se dedicó al culto protestante. En la actualidad acoge además del Conservatorio de música, distintos servicios municipales. En el año 2006 se remodeló su jardin al modo medieval incluyendo cuatro parcelas  con plantas medicinales, ornamentales, hortícolas y frutales.

Montauban. Convento del Carmen. Vista del claustro. (Foto de Jesús Díaz). Observamos la ordenada distribución arquitectónica del claustro adosado al muro de la iglesia (véanse los contrafuertes escalonados y los ventanales de medio punto del claristorio del templo). El claustro muestra dos pisos, el inferior se abre mediante una galería de arcos de medio punto con pilastras adosadas situadas sobre pedestales y entre arcos; el piso superior se abre mediante vanos adintelados también entre pilastras que en ambos pisos muestran capitelillos geométricos a modo de leves entablamentos. Contrasta el color rojo del ladrillo visible y los muros revocados en color blanco-grisáceo.

Montauban. Convento del Carmen. Vista del claustro. (Foto de Jesús Díaz). Las galerías del claustro se cubren mediante bóvedas simples de crucería, construidas en ladrillo,  que apoyan sobre simples ménsulas, también de ladrillo, incrustadas en los muros revocados. Las claves de las bóvedas son de piedra blanca. En los centros de cada panda desaparece el pedestal corrido sobre el que apoyan los arcos de medio punto, permitiendo la entrada al jardín del claustro.

7) ARQUITECTURA CIVIL.



Montauban. Museo Victor Brun. (Foto de Jesús Díaz).  Montauban se convirtió desde principios del siglo XVII en capital de la región estableciéndose una intendencia en 1635 y una Cour  des aides ( tribunal financiero o de comercio del Antiguo Régimen) en 1661 que se instaló en el hermoso palacio que vemos en la imagen y que en la actualidad acoge el Museo de Historia Natural Victor Brun de la ciudad. El museo se abrió en 1854 en la planta superior del Tribunal de Comercio y se muestra en él la historia de las Ciencias, de la Tierra y de la Vida. Pueden apreciarse en el museo gran catidad de animales, pájaros en especial, muestras paleontológicas y fósiles, mineralogía, etc. Se trata de un bello edificio neoclásico de ladrillo de tres plantas sobre un zócalo de piedra coronado con una balaustrada, cuya fachada fue reconstruida en 1836. La elegante fachada se estructura verticalmente  en tres cuerpos, uno central realzado por cuatro escudos heráldicos y por tres portadas de medio punto (el resto del edificio muestra vanos adintelados), y dos cuerpos laterales cuyas dos plantas superiores se articulan mediante pilastras gigantes que abarcan sendos pisos, con capitelillos de piedra. Las ventanas de la planta inferior son pequeñas y cuadradas frente al restos de ventanas de los pisos superiores que son de gran tamaño y rectangulares verticales.


Montauban. Museo Víctor Brun. (Foto de Jesús Díaz). Vemos en esta imagen el cuerpo central de la fachada principal del edificio. Destacan las portadas inferiores de medio punto, los ventanales señoriales y los cuatro escudos de piedra.


Montauban. Museo Victor Brun. Detalle de ventanas con macetas floridas. (Foto de Jesús Díaz). A la evidente belleza arquitectónica del edificio se añade la belleza natural de las flores multicolores y de las plantas que decoran las ventanas.

Montauban. Escultura de Centauro. (Foto de Jesús Díaz). En las proximidades de la iglesia de Saint Jacques se sitúa la hermosa escultura de bronce con pátina verdosa que observamos en la imagen. Se trata de un centauro, híbrido de caballo y humano. Numerosas esculturas del escultor Bourdelle lucen en la ciudad.


Montauban. Escultura de Centauro. (Foto de Jesús Díaz). El centauro inclina su cabeza hasta apoyarla suavemente sobre su hombro.


Montauban. Calle céntrica. (Foto de Jesús Díaz).
Montauban. Centro florido. (Foto de Jesús Díaz).

Montauban. Plaza de la catedral o de Franklin Roosevelt.  (Foto de Jesús Díaz). Esta plaza se cierra en su lado este mediante el edificio de la catedral que muestra su espléndida fachada occidental. En ella se encuentra también, en la panda norte, el antiguo edificio de correos en cuya planta intermedia se aprecian tres hermosas cariátides.


Montauban. Plaza de la catedral o de Franklin Roosevelt. Edificio. (Foto de Jesús Díaz). La estrecha fachada de ladrillo que vemos en la imagen corresponde al antiguo edificio de Correos construido con ladrillos. Se aprecia la influencia de la fábrica tolosana de  Virebent en los ladrillos de decoración. Tres hermosas cariátides clasicistas destacan en la planta intermedia cuyo color blanco contrasta vivamente con las superficies de ladrillo rojo.
Montauban. Plaza de la catedral. Edificio con balconada de cariátides. (Foto de Jesús Díaz). Una pequeña balconada balaustrada cierra la pequeña terraza a modo de pedestal corrido sobre el que se levantan las tres cariátides sobre pequeños pies columnarios. Las cariátides se muestran en posición frontal y en leve posición de contrapposto al gusto clásico.


Montauban. Plaza Nacional. (Foto de Jesús Díaz). Esta plaza constituye el centro de la parte histórica de la ciudad. Es el elemento central  del plano en damero de la antigua bastida medieval. Ejerció funciones comerciales ya en el medioevo y antiguamente en su ángulo noroeste se ubicaba  la casa común o sede  del poder municipal. En 1614 y 1649 la destruyeron dos incendios siendo reconstruida gracias a la generosidad real y al empeño de los cónsules de la época. La reconstrucción culminó a principios del siglo XVIII.


Montauban. Plaza Nacional. (Foto de Jesús Díaz). La plaza muestra en sus ángulos bellas portadas de acceso de medio punto; sus edificios de ladrillo rojo se estructuran mediante pilastras adosadas verticales y grandes ventanales adintelados en las dos plantas centrales y ventanales de medio punto en la planta superior. La planta inferior se abre a modo de galería corrida de dos naves, con arcos de medio punto, que se cubren con bóvedas de crucería. Su apertura a la plaza permite el cobijo de los transeuntes y de los vendedores y expositores en tiempos fríos  y de lluvia.


Montauban. Plaza Nacional. (Foto de Jesús Díaz). Observamos en esta imagen la bellísima unión de los edificios angulares de la plaza mediante grandes portadas de medio punto coronadas con frontones de ladrillo, adoptando la hermosa plaza un perfil ochavado en planta.


Montauban. Plaza Nacional. Detalle de un reloj de sol .(Foto de Jesús Díaz). Bellísimo el reloj de sol que luce en la plaza. Muestra una inscripción superior con la inscripción UNA TIBI, los números horarios se expresan en números romanos y los meses con sus nombres en francés.


Montauban. Plaza Nacional. Galería porticada. (Foto de Jesús Díaz). Los soportales de la plaza constan de dos naves paralelas,  son de ladrillo, se cubren con bóvedas de crucería gótica que apean en pilares cruciformes, y sus claves de bóveda son de piedra contrastando su color con la composición de ladrillo de las nervaduras.
Montauban. Fachada de un edificio. (Foto de Jesús Díaz).

Montauban. Antiguo colegio de los Jesuitas. (Foto de Jesús Díaz). Con la toma de la ciudad de Montauban en 1629 por Luis XIII y Richelieu, los católicos vuelven a la ciudad tras el dominio protestante y los jesuitas adquieren un hôtel (mansiones o palacetes de los poderosos) en el límite nordeste de la ciudad; instalaron un colegio y una capilla (actual iglesia de Saint Joseph). El edificio ha sufrido a lo largo del tiempo numerosas modificaciones y ampliaciones. Durante la revolución francesa de 1789 el edificio fue utilizado como fundición para la construcción de cañones; se recuperó su utilización como colegio en 1961. Actualmente acoge la Dirección de Asuntos Culturales, el Conservatorio de Danza, el Centro de Patrimonio y la Oficina de Turismo.
Montauban. Antiguo colegio de los Jesuitas. Detalle.  (Foto de Jesús Díaz).
Montauban. Antiguo colegio de los Jesuitas. Detalle. (Foto de Jesús Díaz).

Montauban. Antiguo colegio de los Jesuitas. Centro florido. (Foto de Jesús Díaz).
Montauban. Fachada de edificio modernista. (Foto de Jesús Díaz).
Montauban. Hôtel de Monmilan. Nicho con escultura de cánido.  (Foto de Jesús Díaz). Se trata de un hotel particular (corresponde esta denominación en Francia a los palacetes de los poderosos y burgueses) construido en el siglo XVIII. Dispone de un pórtico de entrada monumental de medio punto decorada con dos pares de columnas jónicas sobre potentes pedestales que flanquean el vano. Sobre las columnas apea un entablamento y una balaustrada . El tímpano del arco de medio punto es de hierro forjado y muestra las iniciales de André Duval de Monmilan, dueño del edificio en 1790 y heredero de la industria de loza de Ardus, cuya propiedad era real. En su interior llama la atención un nicho con la escultura de un perro tumbado situado sobre un potente pedestal en forma de columna que parece una fuente.


Montauban. Hôtel de Monmilan. Nicho con escultura de cánido. (Foto de Jesús Díaz). El nicho exhibe un semicilindro como base y un casquete, decorado con motivos vegetales en relieve, como coronamiento.



Montauban. Hôtel de Monmilan. Nicho con escultura de cánido. (Foto de Jesús Díaz). La arquitectura del hotel muestra un agradable contraste visual entre el ladrillo rojo desnudo y el resto del muro revocado y blanqueado. Los grandes ventanales de la planta baja son de medio punto, los de la planta intermedia son adintelados y muestran pequeños balaustres inferiores de cierre y en la planta superior el edificio exhibe vanos adintelados de menor tamaño.


Montauban. Hôtel Mila de Cabarieu. Patio interior con galería columnada. (Foto de Jesús Díaz). Estamos ante otro hôtel particular de la ciudad construido en el siglo XVIII. Su denominación se debe al teniente del regimiento provincial de Montauban que lo adquirió en 1777. Destaca en este edificio un pórtico situado en su ala izquierda, pórtico con arcos rebajados sobre potentes columnas, todo ello en ladrillo. Un amplio salón de la primera planta aún conserva las decoraciones realizadas en 1789 y 1790 por el padre de Ingres.
Montauban. Hôtel Mila de Cabarieu. Patio interior con galería columnada. (Foto de Jesús Díaz). La pequeña galería columnada muestra una belleza sorprendente a pesar de su simplicidad y sencillez. Se accede a ella mediante una escalera abalaustrada. La galería se soporta mediante varias columnas que descansan sobre potentes pedestales. Las columnas culminan en grandes capiteles geométricos que soportan una arquería de arquillos muy rebajados. El verdor del jardín vivifica la atractiva arquitectura.


Montauban. Tienda en el centro histórico. (Foto de Jesús Díaz).



Montauban. Tienda en el centro histórico. (Foto de Jesús Díaz).

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